viernes, 29 de abril de 2016

El doctor Gannon, especialista en señoras

Chad Everett fue el primer médico ‘sex symbol de la televisión’. Encarnó al personaje de Joe Gannon, en la serie de televisión Centro Médico que se emitió de 1969 a 1976. Su sonrisa y sus  ojos azules encandilaron a las mujeres de la época. Actualmente, esa raya en el pelo, marcada como una zanja, y las chaquetas y corbatas de cuadros con colores extravagantes le restarían mucho glamour.


El Doctor Gannon, cirujano del Hospital universitario de Los Ángeles, trabajaba los sábados por la noche en TVE y cada semana se enfrentaba a casos de verdadera dificultad para socorrer a pacientes y amigos. Representaba a un médico joven y audaz frente al otro protagonista fijo de la serie que era el doctor Paul Lochner, papel que desempeñaba James Daly, que reflejaba la comprensión, la veteranía y la cautela propias de un médico con muchos años de experiencia. Ni qué decir tiene que el gato al agua se lo llevaba Gannon, eso sí sin presumir.


En aquella época un médico debía estar presentable y máxime cuando, gracias a los medios de comunicación, la vocación de médico aumentó  de manera apabullante según las encuestas.

‘Colombo’, la antítesis de ‘El Santo’

Si ‘El Santo’ era alto, fuerte, guapo, elegante, seguro de sí mismo, conducía un lujoso automóvil, un flagelador con las mujeres y de cuna noble; nuestro protagonista de hoy es bajito, sencillo, aparenta inseguridad, conduce un destartalado coche, monógamo con hijos y sin pedigrí. Sin embargo, con armas opuestas cautivó a la audiencia.


El actor Peter Falk, encarnó al personaje del teniente Colombo, un detective de homicidios de la Policía de Los Ángeles que vestía una gabardina vieja, fumaba puros malolientes y conducía un coche viejo. Su mejor amigo era un perro sin nombre que, al igual que su dueño, no se le conocía nombre de pila. Colombo, sólo respondía a su apellido y a su cargo, teniente. De sus datos personales sólo sabíamos que estaba casado con hijos y era de ascendencia italiana.

La serie de televisión estadounidense 'Colombo’ fue emitida en los años setenta. La primera gran singularidad del éxito es la estrechísima relación del actor con el personaje. Tal es así que consiguió tres premio Emy y un Globo de Oro por su interpretación. La segunda, es que se sabía casi siempre quién era el asesino (proceso inverso en una historia policial). El crimen y el criminal se mostraban al comienzo de cada episodio y llegaba el teniente Colombo para investigar los hechos.

Normalmente, el asesino había preparado el crimen perfecto y, por tanto, era un hombre inteligente y muy bien situado económica y socialmente. Colombo, jugaba la carta de la humildad y la veneración de sus sospechosos, para hacerles sentirse más confiados y considerasen que semejante inútil nunca  iba a resolver su crimen.

Colombo era un personaje muy sagaz y con su aspecto desarrapado fomentaba la idea de una persona desvalida, un don nadie, un tipo aturdido y despistado que estimulaba la idea en el criminal que lo menospreciara por su apariencia. Una faceta característica suya era que en el interrogatorio a los sospechosos les comentaba asuntos personales de su familia y se marchaba…para volver al poco tiempo y apuntar “solo una cosa más…”.

Colombo haciendo gala de grandes dotes de observación, descubría pequeños indicios, mentiras, contradicciones y revelaba que las cosas no eran como parecían, ni contaban los testigos, encajando las piezas del puzle hasta que, en la escena final, desmontaba la coartada del criminal.

En este punto, recuerdo el humor de Gila cuando parodiando a un policía que interrogaba al sospechoso, diciéndole: “Aquí alguien ha matado a alguien y, no aguantando más, confesaba”.

miércoles, 27 de abril de 2016

‘El Santo’, un guapo y elegante aventurero inglés al servicio de la justicia

La serie de televisión británica ‘El Santo’ se emite en la década de los sesenta, protagonizada por Roger Moor en el papel de Simon Templar. Nuestro personaje es una especie de agente y aventurero sofisticado, elegante e irónico que representaba el estereotipo del tory. Hace falta derrochar imaginación y candidez para suponer a un aristócrata ejerciendo el papel de Robin Hood moderno. Pues sí, lord Sinclair defenderá a los más débiles de cualquier afrenta y si “el zorro” marcaba a los malvados con una “z”, Templar dejará a su paso un monigote con un halo sobre su cabeza (representando un santo) para que se enteren con quién están tratando.


Los primeros capítulos fueron realizados en blanco y negro y los últimos en color. Constituyó un rotundo éxito en muchos países y se consideró la serie británica de acción con más éxito, solo por detrás de ‘Los vengadores’.


El estilo inglés del protagonista se rescata en la serie ‘Los Persuasores’ en las que Sinclair, de familia noble y exquisitos modales, prototipo de la elegancia inglesa forma tándem con Wilde (Toni Curtis), nacido en el marginal Bronx neoyorkino, ascendido desde los bajos fondos hasta convertirse en un magnate petrolífero.


El padre del personaje fue Leslie Charteris, un escritor inglés que llegó a publicar más de cien relatos, entre novelas y cuentos, narrando las aventuras de El Santo. Los episodios escritos eran casi siempre historias sueltas, con Simon Templar como único y exclusivo protagonista, apareciendo en casi la totalidad de las escenas, sin apenas personajes secundarios. De igual manera, se trataba al personaje en la televisión. El único personaje secundario que salía con cierta frecuencia era el inspector Teal, un policía aliado, que parecía tonto ante este ladrón de guante blanco y caballero…(en España los tenemos a patadas) que con su pinta de playboy, sus trajes elegantes y sus automóviles de lujo encandilaba al sexo femenino.


En esos años - yo era un niño -  escuchaba a mi hermana y a todas sus amigas “lo guapísimo que era Roger Moore”. Supongo que esa estética de ligón cautivaba a una España paleta que adolecía de galanes modernos, de coches, de lujos y el único policía que veíamos era a Plinio, un policía municipal de un pueblo de La Mancha.



martes, 26 de abril de 2016

Bonanza, el modelo conservador americano

La serie de televisión ‘Bonanza’ se emitió en España en los años sesenta. Concebida como un western/cowboy transmitía muchos rasgos de la ideología conservadora: machismo, misoginia, racismo, familia y orden. No obstante, este análisis es cierto desde nuestra perspectiva actual, pero en aquella época esos valores se daban por supuesto. Todos la veíamos y nos gustaba, no nos planteábamos más. La familia Cartwright era una familia atípica formada por el patriarca Ben, una persona que ha enviudado por tres veces y que ha tenido un hijo con cada una de sus mujeres. Eso sí, todas europeas y fallecidas. El resto de mujeres que pasan por la serie son de relleno y el único papel para un no blanco era para un chino que realizaba, esporádicamente, el personaje del cocinero de la familia.



Comenzaba la serie con un mapa donde se situaba el rancho de La Ponderosa. El mapa se iba quemando con el fuego y, entonces, aparecían nuestros cuatro protagonistas montados a caballo en aquellas fértiles tierras. La celebérrima sintonía de la serie se ha convertido en una de los temas televisivos más famosos de toda la historia.



La serie relataba las aventuras de la familia Cartwright, liderada por Ben Cartwrigt (el actor Lorne Greene) que era un patriarca viudo señorial con su cabello canoso y protector de sus tierras y de sus tres vástagos. Su autoridad hacia los hijos era similar al de un patriarca gitano.

El hijo mayor Adam (Pernell Roberts), de su primera mujer inglesa, era un arquitecto que había acudido a la universidad, aunque volvió a la granja para vivir con su padre. Era el más listo y había construido la casa donde vivían en el rancho. Era el guaperas de los hermanos y vestía de negro lo que le daba aún más aureola de mando. No obstante, siempre estaba supeditado al padre. En la vida real, Pernell Roberts, provenía del mundo del teatro y protestó porque los personajes eran planos y unidimensionales y una vez eran aceptados por el público, no tenían ninguna evolución. Comprometido con la lucha por los derechos civiles, no le gustaba que en el reparto sólo hubiese actores blancos, con la excepción del sirviente chino de la familia. Pidió a los productores que limitaran la carga racista, violenta y sexista que, en su opinión, tenía la serie. Participó en la histórica marcha liderada por Martin Luther King y en festivales pacifistas junto a Joan Baez.
El personaje le llegó a aburrir tanto que abandonó la serie.

El segundo hijo se llamaba Eric, pero todos le conocían por Hoss (Dan Blocker), de la segunda mujer sueca. Era un gigantón, bonachón e inocente que proporcionaba la mayoría de los momentos cómicos de la serie con su mezcla de honradez e ingenuidad. Un rasgo característico era su sombrero.

El benjamín de la familia era Joseph llamado Pequeño Joe y su madre fue la última mujer de su padre, de ascendencia criolla francesa. Era el más impetuoso de todos y siempre se estaba metiendo en líos debido a su juventud. En la vida real, el actor Michael Landon empezó a dirigir y escribir guiones en la serie y esa experiencia la puso en práctica en sus dos series posteriores que fueron grandes éxitos, La Casa de la Pradera y Autopista hacia el Cielo, series blancas y defensoras de los valores familiares. Un rasgo característico eran sus guantes de cuero.

Las tramas de la serie comenzaban y acababan en cada episodio con la llegada de algún personaje externo al rancho que interaccionaba con alguno de los cuatro protagonistas en plan amistad, puñetazos o si se trataba de mujeres se las ingeniaban los guionistas para que, además de castas, tuvieran alguna enfermedad que se las llevara Dios o las mataran los indios. Así, se resolvía el alargar la serie y mantener el orden familiar.

Menos futbolín y más salario

El modelo de cultura empresarial de Google funciona porque ha sido novedoso y, además, paga muy bien a sus empleados. No obstante, tratar de adulterar ese modelo y dejarlo en “cuatro tontadas” para chicos jóvenes seduciéndoles con la idea que lo importante es la calidad del trabajo y no el dinero que se cobra es, cuando menos, una tomadura de pelo.


Lo mismo sucede con la idea “vas a tener una oportunidad de aprender mucho” a través de esta beca que la empresa te concede sin ninguna remuneración. Mire usted, en todos los años que tenemos “los viejos” las empresas te formaban y te pagaban conforme avanzabas en tus conocimientos y en edad. Comenzabas de “botones” o “aprendiz” de un oficio y sin tener idea de nada te remuneraban poco, con toda lógica, pero te pagaban. La empresa tenía en cuenta tus horas y el transporte.

Esa vieja cultura empresarial – la acertada – ahora a los listos de turno les parece obsoleta. A los chavales jóvenes les ofrecen “un billarín”.

lunes, 25 de abril de 2016

Martes y 13, maestros de la caricatura

Martes y Trece, a título personal, comienza con Josema Yuste y Millán Salcedo, aunque inicialmente contaron con la presencia de Fernando Conde formando un trío.

La televisión les encumbró a la fama a través de stetches en los que imitaban a famosos, parodiaban programas de televisión como ‘Lo que necesitas es amor’ o caricaturizaban escenas y personas cotidianas. Todo ello desde un lado “absurdo” y repleto de gags y con la inestimable vis cómica de Millán Salcedo.


Recordamos la Nochevieja de la empanadilla de Móstoles, recreación de una oyente al programa de radio “Encarna de noche”, donde a través de diferentes cambios de información la conversación perdía todo sentido hasta dejarla a la locutora con tics nerviosos en el ojo.

Las parodias de Eurovisión, los anuncios, grandes críticas a través del humor. Su buen hacer ha quedado en nuestro recuerdo y lo más sensato y difícil de conseguir es “separarse cuando hay mucho dinero aún por medio”. La pareja de humoristas advirtieron que su ciclo finalizaba, se resentía ya a nivel personal y profesional y no dudaron en seguir caminos diferentes para seguir recordándoles por los maravillosos momentos felices que nos dieron a disfrutar.

Uno de estos momentos me gustaría compartirlo con los que sigáis mi blog y es el titulado: Martes y Trece. –‘Lo que necesitas es perdón’.

                           



‘Dallas’, una familia con más líos que la Roma de Nerón

Poder, sexo y ambición son los ingredientes que convirtieron la serie de televisión  ‘Dallas’ en un éxito a nivel internacional. Los negocios de la familia Ewing en el mundo petrolífero y ganadero fueron el escenario de maquinaciones, escándalos e intrigas del clan familiar.


En España se emitió por TVE entre 1979 y 1982 pasando luego a las cadenas autonómicas. El eje central de la familia tejana se ampliaba, a través de los diferentes episodios, en una serie de tramas entrelazadas entre los numerosos personajes de la serie: los patriarcas de la familia, sus dos hijos: Bobby y J.R, Sue Ellen (la mujer de J.R), Pam (la pareja de Bobby) y Lucy (la sobrina rebelde). Al núcleo principal se añadían otros personajes secundarios de gran importancia como el de “Ray” (el capataz).

De todos los personajes, el más popular fue J.R Ewing, un malísimo con sombrero tejano que estaba casado con Sue Ellen, una mujer alcohólica. El hijo mayor sin escrúpulos, ni ética alguna se caracterizaba por la avaricia y el ansia de poder y dinero. Su matrimonio era infeliz, pero le importaba un bledo porque mujeres no le faltaban al mujeriego con cartera. Era la cara de Caín.

Su hermano Bobby era el contrapunto, de puro bueno iba para santo. Representa la cara de Abel y estaba enamorado de "Pam", la chica buena que estaba muy buena.

La sobrina era una chica rebelde, algo loca, una niña rica complicada pero, en el fondo, con buen corazón.

Las familias humildes quedaron cautivadas por este festín de lujos y maldades en la que los buenos constituían una excepción.

Larry Hagman interpretó el papel de J.R que le convirtió en un actor superpopular y muy rico. Antes había conseguido un éxito relativo en los años sesenta con la serie’ Mi bella genio’.

‘Dallas’ guarda ciertas reminiscencias con la película ‘Gigante’ en la que Elizabeth Taylor y Rock Hudson viven en un rancho de Tejas y trata temas similares: mucho petróleo, ganado, dinero, poder e igualmente problemas familiares.

En España la serie tuvo tanta aceptación popular que el humorista Pepe da Rosa compuso unas sevillanas dedicadas a los miembros de la familia Ewing.