miércoles, 13 de julio de 2016

El 14 de julio, la toma de la Bastilla

La toma de la Bastilla se produjo en París el martes 14 de julio de 1789. A pesar de que la fortaleza medieval conocida como la Bastilla sólo custodiaba a siete prisioneros, su caída en manos de los revolucionarios parisinos supuso simbólicamente el fin del Antiguo Régimen y el punto inicial de la Revolución francesa. La rendición de la prisión, símbolo del despotismo de la monarquía francesa, provocó un auténtico seísmo social tanto en Francia como en el resto de Europa.


A partir de 1880, el 14 de julio ha sido el Día Nacional de Francia, pero no para celebrar la toma de la Bastilla en sí, sino para recordar la Fiesta de la Federación de 1790, cuya fecha coincidía a propósito y que celebraba la reconciliación y la unidad de todos los franceses.

Así, los magos del poder sustituyeron el concepto “clase social” por el de “patria”. Aquellos monárquicos- católicos que consideraron la Revolución como una villanía ejercida por agitadores y que siempre rechazaron la conquista de la libertad y el paso del súbdito al ciudadano, sí admitieron la simbología del 14 de julio como elemento nacional para deshacerse de jacobinos y sans culottes. El Antiguo Régimen y el lado moderado de la Revolución confraternizaron en abrazar una fiesta de gran simbolismo para Francia - y el mundo – convirtiéndola en un día de exaltación patriótica.

El 14 de julio de 1880 debía ser el día de la exaltación patriótica gala, ya que la derrota de Francia en el frente prusiano de 1870 sólo podía curarse con una fiesta de gran simbolismo que estuviera presente en la memoria colectiva.

Hoy, 13 de julio de 2016 algunos comentaristas hablan de futuros conflictos más graves que los que están ocurriendo en la actualidad. Unos mencionan, al terrorismo islamista atentando en el país galo para que la extrema derecha responda a esos ataques. Esa sería la vía que a los poderosos les vendría bien. Un enemigo exterior al que debemos reducir con la unión de todos los franceses. Otros, tienen claro  que el peligro no está tanto en el terrorismo global o de la extrema derecha francesa, sino en la agitación social, que se traduce, por ejemplo, en los trabajadores que se han manifestado durante los últimos meses contra la reforma laboral y que dejaron 300 agentes heridos y 1.300 detenidos el pasado 18 de mayo.

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