miércoles, 3 de enero de 2018

Paco Martínez Soria, el humorista preferido de un público ingenuo

En estas fiestas navideñas, “por casualidad” aparecieron en televisión dos películas de Paco Martínez Soria: ‘La ciudad no es para mi’ (1965) y ‘¡Se armó el belén!’(1969). Las vi recordando esas cintas que tanto gustaban a nuestros padres, esa gente humilde que consideraban que el buen corazón, al final, siempre tiene premio. Un día le preguntaron a Pedro Almodóvar si el cine que realizaba gustaba a su madre. Él contestó: “La hace mucha ilusión que los críticos alaben el cine de su hijo, pero a ella en realidad la gustan las películas de Joselito y Marisol”. Ese cine de barrio español es el de mi infancia. A mí también me gustaron, luego, renegué de dicho cine y, ahora, como la mili, no quiero revivirla pero la miro con una perspectiva distinta. Está bien para guardarla en el baúl de los recuerdos.


En la exagerada gesticulación de la cara, muchas muecas, me recordaba al actor francés Louis de Funès y a Lina Morgan (otro icono cómico de la España de la época).

Paco Martínez Soria nace en Tarazona (Zaragoza) en 1902 y muere en Madrid (1982). Su infancia transcurre en Barcelona donde trabajó como dependiente y, más tarde, como comercial. En esa época compatibiliza su trabajo con actuaciones de grupos de aficionados al teatro. En 1936, , el Gobierno de la República emitió un decreto de afiliación sindical obligatoria y Francisco Martínez Soria se afilió a la CNT. Sin embargo, ese carnet fue solo un instrumento para trabajar. De hecho, sus biógrafos y conocidos describen su afición a asistir a la Basílica del Pilar, donde acudía a rezar. Su primer trabajo de cine como actor principal fue en 1938, en un mediometraje cómico producido por el sindicato anarquista titulado ‘Paquete, el fotógrafo público número uno’.

El público confundió al actor con el personaje y el pueblerino de la boina que ejerce de “maño” con tonos de voz de cierta cadencia aragonesa era, en realidad, un actor al que no le gustaba que nadie le hiciera sombra en los repartos, por lo que revisaba meticulosamente su papel principal y el de los demás.

Señalan algunos de sus biógrafos: “Al fin y al cabo, se había inventado un personaje: él mismo pero con boina. También lo hicieron a su modo y manera desde Mario Moreno ‘Cantinflas’ o en tiempos más recientes ‘Lina Morgan’. Eso sí: en la calle, don Paco, como lo llamaban, vestía sobria pero elegantemente, encorbatado, con sombrero, gafas, pañuelo sobresaliendo de su americana…”.


Paco Martínez Soria siempre tuvo debilidad por el sainete, género que le permitió abordar ese “teatro popular” de risa fácil y nulo compromiso y en los que se reconocían. Arniches, Paso o Muñoz Seca que fueron algunos de los autores que más representó, antes incluso de formar su propia compañía en 1940, primer paso hacia el sueño de contar teatro propio, algo que logró con el Talía, en la Barcelona que lo había acogido, que remodeló e inauguró en 1960.

Su receta fue todo un logro y aunque únicamente hizo el papel de paleto en cuatro de sus 35 películas, una de ellas su gran éxito ‘La ciudad no es para mí’, se le tendía a identificar con este papel. Mostraba un gran respeto por la comedia, y con frecuencia se le preguntó por qué no cultivaba otros géneros, a lo que en alguna ocasión respondió: “Yo no soy Fernando Fernán Gómez; yo solo soy un cómico”. Así la faceta de actor abarcaba más posibilidades que las limitaciones impuestas o autoimpuestas personalmente. Por dicha razón nunca cultivó el teatro clásico, ni el de vanguardia.

Entre los años 60 y 80 fue uno de los actores teatrales más aclamados por el público, tal vez por amoldarse a los valores imperantes de la época. Creó un arquetipo, el hombre de pueblo que llega a la ciudad, poco ilustrado pero de sabiduría natural; el cura que ama y cuida de sus feligreses, el calzonazos de la familia en base a su buen corazón. Con una moraleja/ moralina siempre en los instantes previos a la palabra fin y con final feliz.

Su primer y gran triunfo es ‘La ciudad no es para mí’ (1965), dirigía por Pedro Lazaga (y en la que Gracita Morales/Filo, la criada pronunciaba la memorable "¡Tanto Luchy, tanto Luchy, y se llama Luciana).


La sinopsis  es la siguiente: Agustín Valverde, viudo y hacendado sesentón aragonés, marcha a Madrid, donde se instala en casa de su hijo, un prestigioso médico casado con una modesta costurera. A la mujer todo el mundo la llama Luchy, desde que consiguiera su brillante posición social casándose con el Dr. Valverde. Pero al llegar a Madrid Agustín descubre que en la capital hay muchos más problemas que en su pueblo. Luchy se siente atraída por el ayudante del doctor. Sara, la nieta de Agustín, vive una vida frívola y desordenada con una pandilla de amigos estúpidos. Y hasta Filo, la empleada del hogar, tiene su correspondiente complicación.

En ¿Qué hacemos con los hijos? (1967). La figura amorosa del padre pone, finalmente, en armonía las descabelladas ideas de los hijos.

En ‘El turismo es un gran invento’(1968),’¡Se armó el belén!’(1969), ‘Abuelo Made in Spain (1969), ‘Don erre que erre’ (1969), ‘Hay que educar a papá (1971), ‘El padre de la criatura’ (1972), ‘El abuelo tiene un plan’ (1973), ‘El calzonazos (1974), ‘el alegre divorciado’ (1975), etc. observamos una defensa de los valores “de toda la vida”, la defensa del patriarcado, el macho español, el localismo o casticismo, la unión sagrada para siempre, pero todo ello edulcorado con imágenes de amor y tolerancia frente al equivocado - que es también hijo del Señor-.

En ‘Don Erre que Erre’, dirigida por José Luis Sáenz de Heredia, parece que hay un giro a la renovación ya que nos narra la historia de un hombre que se enfrenta a un banco y gana la batalla. Sin embargo, hay dos finales que se unifican en uno, con toda lógica. El ciudadano sencillo que pelea contra el banco por ‘una cantidad insignificante’ lo hace por cuestiones de ‘dignidad/honor Calderoniano’ no como una cuestión social y dicho ciudadano gana esa batallla, gracias a que entre bambalinas hay una lucha intestina dentro del banco, lo que supone que un directivo caiga y otro asuma el control.


A pesar de todo, a nivel personal, considero la mejor de toda su filmografía y no la más divertida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario