martes, 26 de marzo de 2019

‘Celebraré mi muerte’, una reflexión sobre la eutanasia


El Teatro del Barrio de Madrid acoge, hasta el 18 de abril, la obra ‘Celebraré mi muerte’ una reflexión sobre la decisión personal de pedir una muerte asistida, más allá de los tabúes. Marcos Ariel Hourmann fue el primer médico condenado en España por practicar una eutanasia. Su vida cambió en marzo de 2005, cuando decidió acabar con una paciente terminal que le suplicó la muerte. A partir del hecho real, Marcos Ariel se representa a sí mismo en escena junto a una pantalla y un tribunal formado por miembros del público que finalizada la función le hacen entrega del veredicto del jurado popular: inocente o culpable.


El 28 de marzo de 2005 la vida del doctor Marcos Ariel Hourmann cambió para siempre. De madrugada, una paciente de más de 80 años llegó al servicio de urgencias del hospital donde trabajaba. Sometida a dolores terribles, el pronóstico daba una esperanza de vida de apenas unas horas. La paciente y su hija rogaron al doctor que por favor acabase definitivamente con su sufrimiento. Y entonces Marcos, saltándose todo protocolo médico, le inyectó 50 mg de cloruro de Potasio en vena. La mujer falleció a los pocos minutos y Hourmann hizo algo que nunca antes había hecho nadie en este país: dejó escrito en el informe la verdad de lo que había sucedido.

Pocos meses después, Marcos recibía una notificación del juzgado: estaba acusado de homicidio. La familia nunca lo denunció, pero sí el hospital. Aquella decisión, un acto prohibido en prácticamente todo el mundo, es un crimen por el que Marcos podía pasar hasta 10 años en la cárcel.

Un jurado popular debía dictar sentencia sobre su caso, pero el juicio nunca llegó a celebrarse. La fiscalía ofreció a Marcos declararse culpable, aceptar una condena menor y evitar así la prisión. De esta forma esquivó la cárcel, pero su vida se convirtió a partir de entonces en un infierno.

Repudiado por todos los hospitales españoles, emigró a Inglaterra con su mujer para empezar de nuevo. Continuó trabajando como médico hasta que la prensa británica descubrió su historia y lo bautizó como "El Doctor asesino". Sin poder trabajar en Inglaterra volvió a España, donde la mayoría de hospitales le siguen dando la espalda. Actualmente trabaja en una pequeña mutua como médico a domicilio.

Más de 10 años después, Marcos siente hoy la necesidad de explicarse y defenderse como no lo hizo en aquel momento. Por eso ahora va a someterse a otro tipo de juicio: el del público. Con su historia  representa una obra de teatro, en la cual expone lo que ocurrió y cuáles fueron sus motivos para acabar con la vida de su paciente.



La representación genera interrogantes. ¿Debe un médico ayudar a morir? ¿Por qué sí se permite la sedación y no la eutanasia? ¿Siempre hay que respetar la opinión del paciente? 

Las respuestas no son unánimes aunque en un sondeo realizado por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en 2011 un 77,5% de los encuestados apoyaba la aprobación de una ley para regular el derecho a tener una muerte digna, la cual fue aprobada en 2017 sin contemplar el suicidio asistido. La inclusión de la eutanasia fue una de las medidas propuestas por el PSOE cuya tramitación se encuentra bloqueada por la convocatoria de elecciones.

La gente debe morir según sus convicciones y, por supuesto, debe aceptarse como un derecho de la persona el sí o el no a esa muerte asistida. “Elegir cómo morir, ahí está la clave”, afirma este médico argentino e improvisado monologuista.

"¿Por qué tengo que obligar a alguien a vivir cuando no quiere? y apunta: "Provoqué la muerte porque creo en la vida”, aún no hemos aceptado la eutanasia en temas médicos irreversibles, así que si hablamos de las enfermedades mentales degenerativas donde el deterioro es lento y progresivo puede que te plantees que eso no es vivir. Es el caso de Maribel, enferma de Alzheimer que solicitó por escrito la muerte asistida porque vivir sin reconocer a sus seres queridos era llevar una vida sin amor, sin recuerdos y sin futuro, lo más cercano a la muerte.

Hourmann asegura que no volvería a repetirlo: "No porque no piense igual que antes, sino porque sería sacrificarme a mí y a mi familia de nuevo”.

Únicamente 6 lugares en el mundo (Holanda, Bélgica, Canadá, Suiza, el estado de California y Colombia) han decidido abordar legalmente la cuestión de la Eutanasia. Incluso otros temas tan controvertidos como el aborto o la pena de muerte cuentan con mayor cobertura legal en el planeta.

Da igual que se trate de países católicos, musulmanes, budistas o laicos. Da igual que hablemos de países avanzados como los del norte de Europa, o estados en vías desarrollo. La libertad de decidir cuándo y cómo morir es la última frontera que el pensamiento contemporáneo no sabe cómo afrontar.

La sociedad actual no sabe cómo resolver este conflicto con la muerte, pero no siempre fue así. En el pasado, muchos pueblos y culturas convertían la muerte en un acto de dignidad, una despedida en la que los ancianos tomaban la decisión de irse con la cabeza alta, celebrando el final de la vida como si de una fiesta se tratase.

Marcos se pregunta: “¿No deberíamos poder celebrar nuestra despedida?”


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