lunes, 12 de octubre de 2015

La educomunicación, una tarea pendiente en la enseñanza (Comunicación 1)

La UNESCO definió la educomunicación, en 1979, como la “educación en materia de comunicación”. Se trataba de unir dos campos: educación/enseñanza y comunicación. No obstante, el término contenía diversas interpretaciones en la realización de ese proyecto. Un ejemplo sería  educar “con los medios” que implicaría un modelo que aporte al hombre actual los datos necesarios para la comprensión de la realidad como única forma de control sobre el entorno social. En este sentido, hay un matiz político, de auténtico cambio. En el segundo, un ejemplo sería una enseñanza “a través de los medios” que se limitaría a utilizar los medios de comunicación como meros auxiliares de la enseñanza.


La educocomunicación surge en Hispanoamérica a mediados de la década de los años setenta. Se basa en los principios de la pedagogía crítica de Paulo Freire, quien sustentaba una corriente de pensamiento de diálogo donde incluyó la convergencia de la educación y la comunicación identificándolos como dos procesos que forman parte de un mismo fenómeno. Tanto en las aulas como en los medios de comunicación convencionales predomina el modelo vertical, un modelo de enseñanza-aprendizaje en el que no hay participación por parte del alumnado, del espectador. Frente a esta recepción pasiva, Freire planteaba el diálogo, un diálogo entendido como un proceso de comunicación sin división entre emisores y receptores.
La llamada pedagogía crítica del brasileño Paulo Freire plantea  que la educación en cada país debe de convertirse en un proceso político, cada sujeto hace política desde cualquier espacio donde se encuentre y el aula de clase no puede ser indiferente frente a este proceso; para este crítico de la educación, se debe construir el conocimiento, desde las diferentes realidades que afectan a los dos sujetos políticos en acción, aprendiz y maestro.
Está partiendo el exministro de educación brasileño de un triángulo: emisor-canal-receptor  y estableciendo un paralelismo con el esquema: dominantes, medios de producción, dominados y su modelo fija la atención prioritaria en el receptor, como protagonista del proceso comunicativo. 
Todos los ciudadanos somos potencialmente emisores y receptores  - formalmente tenemos ese derecho -. Sin embargo, en la práctica estamos condenados a ser receptores pasivos. Como emisores advertimos dos problemas: a) el control de los medios masivos de comunicación y b) la incapacidad lingüística o técnica en el uso que brindan las nuevas tecnologías: las wikis, los blogs, las redes sociales, etc  para las personas mayores  que requiere una alfabetización tecnológica.
 Por dichos motivos, se trata de dotar al consumidor de información de las claves precisas para comprender e interpretar la realidad que le proporciona los mass-media. El emisor debe ser capaz de seleccionar y criticar los mensajes que le llegan conforme a “sus intereses sociales” y no a la de los otros, ya que toda imposición ideológica pasa siempre por una imposición lingüística y educativa.
Dicha formación debería impartirse a dos niveles:
  1. Cursos impartidos  por expertos en información y comunicación a los profesionales de la enseñanza.
  2. Necesidad de una asignatura optativa impartida por licenciados en Ciencias de la Información a aquellos estudiantes cuyos intereses por el conocimiento de los medios fuera más profundo que el de su mero consumo.
En definitiva, como señala el periodista y teórico alemán Enzensberger: “un proyecto revolucionario no debe eliminar a todos los manipuladores, sino que, por el contrario, ha de lograr que cada uno sea un manipulador”.
Suponemos que para algunos el intento de introducir los medios en el ámbito educativo presupone manipular la enseñanza, pero no presupone manipularla más de lo que está. ¿Acáso son asépticos los profesores y los libros de texto?.
Etimológicamente, “manipulación” viene a significar una consciente intervención en un material dado. El rechazo que produce esta palabra no demuestra otra cosa que un desconocimiento de los  procesos cognoscitivos humanos y de la realidad social que les rodea. Por lo tanto, nuestra propuesta es que cada ciudadano tenga la capacidad de cambiar lo que toca, de manipular la realidad que le rodea comenzando a participar en los procesos sociales, no delegando, no buscando salvadores y sabiendo que su situación económica-cultural es fundamental para su evolución personal. 

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