martes, 3 de noviembre de 2015

Pablo D’Ors, escritor y sacerdote del silencio

Hace escasos días, un compañero me habló de Pablo que junto al jesuita Franz Jalics pusieron en marcha la asociación “Amigos del desierto” destinada a profundizar en la aventura del silencio y la meditación.


Este madrileño sostiene que la meditación es un aprendizaje de la escucha interior y que las religiones no tienen el monopolio de la espiritualidad. Vivimos en una sociedad de sumas: más viajes, más experiencias para cultivarnos y debemos buscar las restas: desprendernos, la búsqueda del vacío, ya que el auténtico conocimiento está dentro de nosotros. Nos entretenemos porque somos incapaces de intratenernos y preferimos el aturdimiento de las imágenes y las palabras al silencio.

Señala que, principalmente, los jóvenes deben  desprenderse de la esclavitud del móvil que representa el síntoma más sólido de la soledad mal entendida. (“Tengo 500 amigos/10.000 seguidores” y me aburro sin él”).

Escucharse a sí mismo/a los demás/Dios es un ejercicio de atención y amar es siempre un ejercicio de amor que transforma la realidad de uno mismo/de la sociedad en su conjunto. 

Meditar es morir y renacer; atravesar las sombras, cargar con la cruz y resucitar. Ese proceso supone estar dispuesto a cambios en tu forma de entender la vida.

Por ese motivo, Pablo D’Ors escribió un artículo muy interesante titulado: ¿Habrá en la Iglesia alguien que se atreva? En donde cita: “Los sacramentos de la Iglesia ya no significan casi nada para la inmensa mayoría de quienes aún participan en ellos. Un signo que deja de significar ya no es un signo, sino un juego de magia. Los ritos cristianos y los símbolos en que se fundamentan han degenerado, para la mayoría de los creyentes, en pura magia. Por supuesto que los hombres y las mujeres de hoy seguimos necesitando de la magia, es decir, de palabras y gestos que de un modo automático e irracional nos vinculen con lo trascendente. Pero esa no es la cuestión.

D’Ors, autor de éxito de libros sobre religión y asesor cultural del Vaticano, nombrado por el Papa Francisco, cuestionó, en un artículo en el semanario Vida Nueva la doctrina que defiende la eficacia de los sacramentos con independencia de la comprensión por parte de la persona que lo recibe. “Los sacramentos hay que entenderlos, al menos en alguna medida. De lo contrario, no sacramentalizan nada, que es lo que sucede hoy en nuestros templos. Nadie entiende nada. A lo que más me recuerdan nuestras misas es al teatro del absurdo de Beckett”.

La doctrina del ex opere operato, la que postula que el sacramento es eficaz con independencia de la comprensión de quien lo recibe, ha desvinculado al signo del sujeto y lo ha degenerado y cosificado.

La posición del escritor/sacerdote es una posición de fe, pero racional en la búsqueda de Dios, no una impuesta desde arriba que se limita a exigirte “creer” sin ningún comentario crítico, sin añadir nada más; algo así como un acto de fanatismo impuesto por un visionario sacerdote o vidente que recibe exclusivamente los mensajes del Señor.

Concluye señalando:” ¿Dónde estarán los profetas que nos hagan entender que solo hay posible fidelidad al pasado desde la creatividad y la renovación en el presente?. 

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