miércoles, 13 de enero de 2016

A mis hijos, que nunca han besado el pan

He seleccionado la dedicatoria de la autora de “los besos del pan”, Almudena Grandes, como título para exponer los problemas a los que debe enfrentarse una nueva generación que desconoció las penurias y que se encuentra, ahora, con una crisis que, como un eterno retorno, la conduce al mundo de sus abuelos, a esas “tortillas tan asquerosas que hacían nuestras abuelas para no desperdiciar el huevo batido que sobraba de rebozar el pescado”. En una época en la que “los hijos heredaban la pobreza, pero también  la dignidad de sus padres (…) y “la pobreza no era un motivo para avergonzarse, mucho menos para darse por vencido”.


El libro es una novela sobre nuestro presente, una crónica histórica y coral sobre unos vecinos que habitan el centro de Madrid: una familia que vuelve de vacaciones decidida a que su rutina no cambie, pero también la de un recién divorciado al que se oye sollozar tras un tabique, la de una abuela que pone el árbol de Navidad antes de tiempo para animar a los suyos, la de una mujer que decide reinventarse y volver al campo para vivir de las tierras que alimentaron a sus antepasados. Es, en definitiva, una historia de muchas historias.

La novela incide en la idea que debemos aprovechar el infortunio de la crisis política-económica para sacar alguna ventaja: debemos renunciar al olvido impuesto sutilmente y al miedo paralizante . Sin embargo, debemos recobrar la dignidad perdida y la rabia.

“Alguien nos dijo que había que olvidar, que el futuro consistía en olvidar todo lo que había ocurrido. Que para construir la democracia era imprescindible mirar hacia adelante, hacer como que aquí nunca había pasado nada. Y al olvidar lo malo, los españoles olvidamos también lo bueno. No parecía importante porque, de repente, éramos guapos, éramos modernos, estábamos de moda…".

Como decía Antonio Ozores: “Por fin, ya somos europeos” y esa Europa moderna que nos iba a hacer tan ricos nos borró la parte buena de nuestras raíces porque “los españoles que durante muchos siglos suimos ser pobres con dignidad, nunca habíamos sabido ser dóciles.”

Nunca, hasta ahora



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