miércoles, 16 de noviembre de 2016

Don Quijote, un sueño imposible (1)

Un famoso musical sobre la figura de Don Quijote tiene como tema principal “Un sueño imposible” y, a mi entender, eso representa ese sentimiento de “enderezar entuertos y desfacer agravios”. Son muy variadas las interpretaciones que se han dado a esta novela universal y cada uno ha dado su punto de vista personal o de interés. Así, es un libro que satiriza los libros de caballería y la sociedad de su tiempo, un modelo de espiritualidad auténticamente cristiana (Unamuno). Dostoyevski ya lo había comparado con Jesucristo, para afirmar que “de todas las figuras de hombres buenos en la literatura cristiana, sin duda, la más perfecta es don Quijote” Por esa razón, el príncipe Mishkin de ‘El idiota’ está fraguado en el molde cervantino.  Los conservadores han querido ver la renuncia al progreso y la defensa de unas ideas tradicionales, mientras los liberales han contemplado una lucha contra la intransigencia y una crítica a su época. Todos, a mi entender, llevan algo de razón y, sin embargo, la lectura principal es la confrontación entre idealismo y realismo, por la que don Quijote queda convertido en un luchador trágico contra la realidad grosera y hostil en defensa de un ideal que sabe irrealizable al recuperar su cordura cuando va a morir.


Don Quijote y Sancho no son personajes españoles, lo son universales porque en cada país hay idealistas, realistas, amigos, rivales, amantes, duques y galeotes. Todos son humanos y es uno de los motivos que sea una de las novelas principales de la literatura universal.

Cervantes escribió la novela en dos partes. La primera, titulada ‘El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha’ publicada en 1605 y la ‘Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha’ (1615). Es la primera novela moderna donde se enfrentan dialécticamente distintas cosmovisiones o ideas del mundo representadas por varios personajes, cuyo entrelazamiento causaba una gran impresión de realidad.

La primera parte del libro conoció un éxito formidable -aunque como obra cómica, no como obra seria-. La novela comienza comienza describiéndonos a un hidalgo pobre - cuyo exacto nombre solo se revelará al final de la obra: Alonso Quijano -, oriundo de un lugar indeterminado de La Mancha, quien enloquece leyendo libros de caballerías y se cree un caballero andante medieval. Le suceden toda suerte de tragicómicas aventuras en las que, impulsado en el fondo por la bondad y el idealismo la cruda realidad le devuelve toda clase de desventuras.


De hecho, muchas veces deseando hacer el bien acontece lo contrario. Así sucede en su primera aventura al intentar salvar a un criado de los azotes de su patrón, lo que termina en mayor perjuicio para el joven. Un vecino de su aldea le lleva a casa para ser atendido por su sobrina y el ama de casa. El cura y el barbero del lugar, amigos del hidalgo, queman una gran parte de su colección de libros de caballerías intentando recupere su salud mental. No obstante, requiere los servicios como escudero de su vecino, un labrador llamado Sancho Panza, a quien le promete grandes mercedes, en especial hacerlo gobernador de algún reino que conquiste en sus aventuras. Es entonces, cuando nos encontramos con el otro personaje fundamental en la novela, que le permite a don Quijote dialogar y contrapesar  su extremado idealismo. De nuevo, sale al camino junto a su fiel escudero Sancho Panza.

Don Quijote profesa un profundo amor platónico a su dama Dulcinea del Toboso que solo existe en su imaginación, pues su escudero Sancho le engaña haciéndole creer que Dulcinea ha sido encantada por algún mago enemigo de su señor y la ha convertido en una rústica aldeana. La aldeana, en realidad, se llama Aldonza Lorenzo y  Don Quijote al contemplarla se queda estupefacto.

En su búsqueda de aventuras para socorrer viudas y hacer justicia, Don Quijote lucha contra unos gigantes, que no son otra cosa que molinos de viento, pese a las advertencias de su escudero. Confunde las ventas/fondas con castillos, recurre al mágico bálsamo de Fierabrás cuando ha recibido golpes por todos lados, arrebata  a un barbero su bacía creyendo que ha ganado el tesoro de Mambrino. Luego, libera a un grupo de cautivos de la justicia que le convencen de su inocencia y esos galeotes se lo pagan lanzándoles piedras.

 Los disparates y las risas continúan y en todas las aventuras, amo y escudero mantienen amenas y profundas  conversaciones. Poco a poco, revelan sus personalidades y fraguan una amistad basada en el respeto mutuo, aunque Sancho claramente se da cuenta de la locura de su señor y se aprovecha de esto para deformarle la realidad, generalmente para salir de aprietos en que él lo coloca.

Don Quijote y Sancho son conscientes del éxito editorial de la primera parte de sus aventuras y ya son célebres. De hecho, algunos de los personajes que aparecerán en lo sucesivo han leído el libro y los reconocen. Es más, en un alarde de clarividencia, tanto Cervantes como el propio don Quijote manifiestan que la novela pasará a convertirse en un clásico de la literatura y que la figura del hidalgo se verá a lo largo de los siglos como símbolo de La Mancha.

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