jueves, 23 de julio de 2015

Magia a la luz de la luna, Woody Allen

De nuevo, una maravillosa película de Woody Allen. El tema de la “pareja” como nudo central del discurso y, luego, un tema secundario: magia, asesinatos, gángsteres, la bohemia de París, etc, que en su perfecta elaboración parece el eje central del film. Magia a la luz de la luna es una comedia romántica (2014) que está ambientada en Francia (país escenario de Allen) en torno a los años 1920-1930 en donde un mago descreído, nihilista, cínico y racional está decidido a desenmascarar a una presunta vidente.

El hechicero chino Wei Ling Soo es uno de los magos más populares de su época, pero poca gente sabe que no existe en realidad, pues tras el disfraz del famoso mago se encuentra Stanley Crawford (Colin Firth), un personaje británico, gruñón y arrogante con el ego por las nubes que siente verdadera aversión por los falsos espiritistas que afirman poder hacer magia de verdad. Su amigo de toda la vida, Howard Burkan (Simon McBurney) le convence para que se embarquen en una misión en la Costa Azul, concretamente en la mansión de la familia Catledge. Jacki Weaver interpreta a Grace, la matriarca, y Hamish Linklater (Brice) y Erica Leerhsen (Caroline), interpretan a los hijos de ésta. Stanley se presenta allí haciéndose pasar por un hombre de negocios llamado Stanley Taplinger con el objetivo de desenmascarar a la joven vidente Sophie Baker (Emma Stone), quien se aloja en la mansión con su madre (Marcia Gay Harden). Sophie llegó a la casa Catledge porque Grace está segura de que puede ayudarla a contactar con su difunto esposo, y nada más llegar consiguió llamar la atención de Brice, quien se ha enamorado perdidamente de ella.



Sophie (Emma Stone) es la presunta vidente que ha embrujado a los Catledge, una familia de multimillonarios estadounidenses que residen en la Costa Azul francesa. Los protagonistas de la historia representan dos polos opuestos: la racionalidad, el escepticismo y una buena posición económica frente al Más Allá, la ilusión y una economía en bancarrota.


El resabiado Stanley Crawford no puede prever que la juventud y la mirada radiante de una joven le acaben ilusionando y seduciendo como a un niño y es que el mundo de la magia está presente en otras películas de Woody Allen como Scoop, en la que el mismo Allen representa a un ilusionista de cartas. También está presente una excelente fotografía y unos planos de una gran belleza.


Nuestro protagonista descubre a la embaucadora y las causas de los engaños. Por fin, se ha desvelado el truco y, sin saber cómo, el espejismo irracional de la ilusión le ha conducido al amor. Algo mágico sí ha sucedido…




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