martes, 28 de abril de 2015

El "Tren Azul" de Josip Broz Tito

El "Tren Azul", en su tiempo un símbolo de poder en la Yugoslavia comunista, es hoy día un atractivo turístico que permite, a quien pueda pagarlo, disfrutar del mito y el lujo de la que fuera "residencia móvil" del histórico dirigente socialista y no alineado.


Desde que comenzó a circular en 1959 hasta la muerte de Tito en 1980, el tren presidencial recorrió unos 600.000 kilómetros por Yugoslavia y varios países europeos, y hospedó a 60 estadistas, entre ellos, a la reina Isabel II de Inglaterra o al ex primer ministro indio Jawaharlal Nehru.

La parte más atractiva del tren, de un azul oscuro, son los dormitorios con el cuarto de baño de Tito y de su esposa Jovanka, y las habitaciones de sus invitados, decoradas de forma minimalista, con líneas rectas y sin adornos, la última moda en aquel tiempo. El mobiliario responde a los gustos de Tito y de la "primera dama": madera de arce para ella y de peral para él, que prefería el elegante matiz oscuro de este árbol.


El convoy incluye también el despacho de trabajo del mandatario, una sala de conferencias con espacio para una treintena de personas, un comedor y un bar. El interior está como entonces, no ha cambiado nada, sólo pinturas y alfombras. Para el tiempo en que fue construido, el Tren Azul fue un lujo.

El lujo y el confort incluían también un entonces novedoso sistema de aire acondicionado, que aún funciona, línea telefónica propia, receptores de radio y televisión, y un proyector de cine.

De los seis vagones que componen el tren, dos estaban destinados a garantizar el suministro de calefacción y electricidad, gracias a un generador propio de gasóleo.

"La idea del tren fue de Tito, que prefería medios de transporte terrestres a viajes por aire. Era uno de los pocos presidentes que no tenía su avión", relata Sinisa Vujinovic, del Departamento de vehículos especiales de la empresa Ferrocarriles de Serbia.

Fue proyectado por especialistas yugoslavos y producido en Maribor, en Eslovenia, una de las repúblicas que formaban entonces Yugoslavia, junto a Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro y Macedonia.

Los viajes en tren de Tito estaban rodeados de grandes medidas de seguridad: los horarios del recorrido eran mantenidos en secreto hasta el último momento y el convoy viajaba dividido en varias secciones, cada una con su locomotora.



 Desde el exterior es imposible distinguir las dependencias personales de Tito del resto de habitaciones, por lo que no podía saberse en qué sección viajaba el presidente.

Tras la muerte del mandatario, el tren quedó convertido en un museo hasta que en 2004 Ferrocarriles de Serbia comenzó su explotación comercial.

"Se alquila, tanto para viajes como para visitas, rodajes de series, películas, todo lo que debe presentar la autenticidad de aquella época. Para viajes se alquila de 30 a 40 veces al año", cuenta Vujinovic, que cita fiestas de cumpleaños, Nochevieja o bodas.

Los precios de alquiler son considerables y dependen del evento y del número de pasajeros. Por ejemplo, alquilar el tren para un trayecto privado de 180 kilómetros desde Belgrado y vuelta puede salir por unos 3.000 euros.

Uno de los últimos servicios oficiales del "tren azul" fue transportar el cadáver de Tito desde Liubliana, donde murió en mayo de 1980, hasta Belgrado.

En la actualidad, los pasajeros y ciudadanos pueden viajar tal y como lo hacía Tito en sus tiempos; disfrutando de un programa folclórico de despedida y uno similar de bienvenida, al momento de la llegada al balneario. Antes de la partida del tren, un actor disfrazado de Tito recibe ramos de rosas de manos de niñas que lucen trajes folclóricos.





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