viernes, 3 de abril de 2015

FIST, Símbolo de Fuerza



Solo dos películas de Sylvester Stallone me han gustado: Rocky y FIST, Símbolo de Fuerza (1978). Es una magnífica e injustamente olvidad película escrita por un Silvester Stallone que venía de triunfar el año anterior en los Oscars con Rocky (también guión suyo). Hoy, me apetece realizar el comentario de este filme porque me interesa el mundo sindical, la lucha de un hombre en un proyecto colectivo y las contradicciones que cualquier decisión conlleva.




Cleveland (Ohio 1937), la fotografía nos muestra fábricas con chimeneas gigantescas arrojando al cielo un incesante humo negro. Barracones, vías con trenes de mercancías configuran un ambiente industrial y generador de un proletariado urbano.

Dos hombres  caminan sobre unas traviesas de madera y el más inconformista se lamenta: “Entras a las cinco de la madrugada, sales a las siete de la tarde, trabajamos catorce horas y nos pagan ocho horas” (parece que hablan de la España actual).

Johnny Kovak/Stallone trabaja en una empresa de transportes y se enfrenta a un encargado despótico por  una cuestión de índole personal –todavía no ha surgido el obrero socialmente concienciado-. El encargado ironiza ante su rebeldía “puede que a un hombre rico como tú, no le importe perder un empleo”. Al principio los compañeros arropan a Kovak y consiguen exponer sus problemas  al propietario de la fábrica que les pide vuelvan al trabajo y solucionarán esos problemas. Los obreros aceptan el compromiso y lo celebran en la taberna. Al día siguiente, el patrono ha despedido a los protagonistas del plante. Los más necesitados y los más cobardes entran, de nuevo, a la fábrica. Es la primera derrota y la primera lección. 

Un gángster - conocido por Kovak del barrio- le dice sonriendo: ¿Qué fuerza tienes para hacer cumplir el trato?. Aquí el idealismo y la ingenuidad del protagonista se enfrentan a la realidad cruel del pícaro.

Dan trabajo a Kovak y a su amigo de la infancia consistente en buscar afiliados entre los transportistas para la Federación Interestatal de Transportistas (camioneros), pero nadie quiere afiliarse. Hay un simpático diálogo entre Kovac y un camionero escéptico.

-          Si te afilias no te darán por saco cada fin de semana
-          No, me darán cada día
-          No, si todo el mundo se afilia
-          Me alistaré cuando se haya afiliado todo el mundo.
-          Queremos mejorar el sueldo de los trabajadores
-          ¿No será que solo queréis recaudar dinero?
-          El viernes tenemos un reunión, nos vemos el viernes si es que vas
-          Pero no pienso firmar nada.

En este clima de desconfianza se mueve entre los trabajadores. En la reunión, un pionero del sindicato y conocido en el mundillo del transporte acude en una silla de ruedas.

-          Se salió de la carretera y, ahora, la empresa no quiere saber nada. Nosotros cuidaremos de él y su familia porque es un hombre del sindicato.

La solidaridad y el sentido de protección va logrando aumentar sensiblemente el número de afiliados. Al principio, el sindicato es casi un auxilio social, pero ante el avance en las filiaciones se intenta comprar a Kovak y al no conseguirlo, recurren al uso de la fuerza, una paliza le servirá de aviso.

En estas circunstancias debe enfrentarse contra todos, incluyendo luchas internas para echar al actual presidente del sindicato que ve “bolcheviques” en los militantes activos.

Deciden convocar la primera huelga ante la intransigencia de la empresa y un camión con gorilas contratados actúan contundentemente contra los trabajadores. Los obreros huyen y es la segunda lección.

Kovak se siente responsable de lo sucedido. Un trabajador muere debido a  los tiros de la policía.Un gángster/conocido de Kovak le brinda apoyo, pero le avisa que le costará dinero. Utiliza fondos del sindicato para conseguir dicha ayuda, a su fiel amigo no le gusta esta decisión. Sin embargo, kovak la considera “inevitable”.

Decide así “responder a la fuerza con la fuerza y grita en una asamblea: “No se ganan las peleas aguantando palizas. Todos nosotros somos un puño”. Suscita la emoción y la fascinación entre los trabajadores que están hartos de aguantar palizas.

-          Volveremos a enfrentarnos con la policía pero, esta vez, el resultado no será el mismo.

Los obreros armados con bates y palos se enfrentan a los matones contratados por la empresa; mientras que los gángters que apoyan a Kovak utllizando pistolas , bombas y dinamita ponen en jaque a la policía. Esta vez, la Consolidated sí firma y cumple las reivindicaciones sindicales.

Esta victoria genera, a su vez, contradicciones. Para avanzar deben imponer la sindicación obligatoria y para ello se valen de la acción de los mafiosos que le recuerdan que “están en deuda con ellos” y así le imponen a Kovak determinados negocios sucios.

El fiel amigo le recrimina: ¡Te has vendido, teníamos algo limpio!.

Kovak le responde: ¡No tendríamos nada sin su ayuda!.

Ahora, el sindicato dispone de un lujoso edificio, aparecen los trepadores y las vinculaciones políticas. Un senador anticorrupción les busca las cosquillas y su fiel amigo apoya huelgas sin el permiso del sindicato que no solo las boicotea sino que levanta cordones de seguridad contra los propios trabajadores. Los mafiosos temen que su amigo declare sobre ciertas actividades del sindicato, y Kovak trata de persuadir a su amigo en bien de su integridad.

-         ¿Te siguen gustando los trabajos manuales?. (Una clara reflexión sobre la división del trabajo). ¡Tuve que hacer esos tratos y lo sabes, nuestro fallo fue alejarnos del viejo barrio.

Al final, ambos compañeros son asesinados y nos deja la moraleja que todo aquello fue una paradoja tan contradictoria, como necesaria y fatal.

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